Redacción AP

Xiomara Castro del Partido Libertad y Refundación (Libre) pasará a la historia de Honduras y de Latinoamérica. No solamente porque es la primera presidenta de Honduras, como lo fue Violeta Barrios de Chamorro en su momento, sino porque se espera que atienda los retos y los desafíos que la realidad le impone, de forma enérgica.

Entre sus retos fundamentales está eliminar el autoritarismo y la corrupción que caracterizaron durante doce años - con todo y su reelección y el descontento de la gente - el modelo de gobierno de Juan Orlando Hernández, del Partido Nacional, y amigo de la dictadura Ortega-Murillo. Recuérdese que en 2013 Daniel Ortega fue de los primeros en felicitarle, cuando aún Xiomara reflexionaba en acusarle por fraude electoral, lo que sí hizo en 2016 Salvador Nasralla.

Xiomara Castro tiene asimismo el desafío de responder a la ciudadanía frente a la crisis sociopolítica que vive el país. Se espera de Xiomara que tanto el sistema político como la realidad social de Honduras respondan a las necesidades de la población.

No se olvida que dicho país es uno de los más empobrecidos de Latinoamérica y que históricamente muchos de los conflictos políticos y sociales han sido resueltos mediante guerras y elecciones arregladas, así como de golpes de Estado, como el que se practicó contra Manuel Zelaya en 2009, el cual muchas personas recordamos como si fuera ayer; y es que la historia político-electoral de Honduras, de alternancia en la presidencia, se parece mucho al tiempo de liberales y conservadores en Nicaragua. 

El régimen del antecesor de Xiomara Castro, Juan Orlando Hernández, se caracterizó por hacer retroceder al país. El Estado de derecho y la independencia de los poderes públicos fueron socavados. El Consejo Nacional de Defensa y Seguridad estuvo integrado por sus leales, incluyendo el alto mando militar. Se “enfloreció” junto a sus aliados de la banca privada, debilitando a la par la capacidad de las empresas de servicios públicos y los sistemas de salud y educación. 

La devastación de bosques, la minería a cielo abierto, la entrega de bienes comunes como el agua y de la soberanía popular a empresas internacionales las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDES) son “legados” de Juan Orlando. Quizás en todo ello está su parecido con Daniel Ortega. La COVID-19 no se escapó de la brutalidad gubernamental, más bien evidenció que sobrevivir estaba atado al pago de altos precios por el tratamiento. 

Según diversos medios internacionales, la masiva participación de la población en las urnas electorales del pasado fin de semana sorprendió, era algo que no se imaginaba; y según analistas es probablemente lo que facilitó la victoria de Xiomara Castro, quien ha sido nombrada desde antes de su victoria como la candidata izquierdista. 

Se dice que las pasadas elecciones en Honduras marcan un cambio de rumbo. Quizás por ello el candidato opuesto a Castro, Nasry Asfura, llamado candidato oficialista, reconoció su pérdida y se reunió con Xiomara para felicitarle. Ojalá el cambio de rumbo no sea volver a una política populista. Xiomara debe volver al Estado de derecho y la independencia de poderes. Debe contribuir a establecer una política social incluyente que tome en cuenta a mujeres y hombres, campesinos, jóvenes, niñez, personas LGTBI, indígenas y afro descendientes.