Redacción AP

La policía orteguista detuvo arbitrariamente esta tarde al ex embajador de Nicaragua ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Edgard Parrales. Familiares dijeron que fue secuestrado en las afueras de su vivienda en el sector de Pancasán, Los Robles en Managua.

Carmen Parrales hija del detenido dijo a 100% noticias que “no había terminado de salir de la casa cuando entraron al jardín y lo montaron a un carro azul oscuro, los vecinos apuntaron el número de placa, fueron hombres vestidos de civil que lo montaron a un vehículo, él empezó a gritar porque obviamente no tenían ninguna orden, no eran policías eran civiles, imagino que paramilitares o policías vestidos de civil, pero realmente fue un secuestro".

La activista política y ex diputada Edipcia Dubón escribió "detener a Edgar Parrales un sabio de nuestro país, valetudinario por ser mayor de 80 años es un abuso más de la dictadura de Ortega. Decir lo que piensa y actuar en consecuencia no es un delito. Tenerle miedo a la idea solo evidencia su decadencia".

Por su parte, Haydee Castillo, defensora de derechos humanos expresó que “para quienes todavía han tenido un poco de duda de qué tipo de régimen estamos enfrentando su nivel de criminalidad, cada día ellos mismos se encargan de demostrarle al mundo que en realidad estamos frente a un régimen que opera como el crimen organizado nadie que pueda opinar diferente, nadie que levante su voz puede vivir en Nicaragua”, expresó. 

Organizaciones como la Unidad Nacional Azul y Blanco y la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia han denunciado el secuestro de sus integrantes desde la noche del pasado 06 de noviembre.

Parrales fue representante de Nicaragua ante la Organización de Estados Americanos (OEA) del Gobierno sandinista en los años ochenta, recién cumplió su 80 años, es una de las fuentes más versadas en temas religiosos y diplomáticos, y solía brindar sus opiniones sin ocultar su identidad.

Parrales fue uno de los cuatro sacerdotes que en 1983 fueron sancionados por el Vaticano por ocupar cargos públicos en el régimen sandinista. Los otros tres, todos ya fallecidos, eran el poeta Ernesto Cardenal, ministro de Cultura; su hermano Fernando Cardenal, ministro de Educación, y el canciller Miguel D’Escoto.