"Las únicas armas que poseo son las palabras y nunca me impondrán el silencio" dijo el Premio Cervantes, Sergio Ramírez ante la acusación del régimen de Daniel Ortega


Redacción AP

Si el régimen de Ortega ya mostró su miedo al papel en blanco, reteniendo en la aduana el que debía servir para que se pudiera editar el diario La Prensa, más miedo aún parece tenerle al papel impreso. Sobre todo si es el soporte de la nueva novela del Premio Cervantes nicaragüense Sergio Ramírez, Tongolele no sabía bailar. El escritor, sobre el que pesa una orden de detención emitida por la fiscalía del régimen ha revelado en una entrevista con BBC Mundo que el libro se encuentra retenido en la aduana desde hace diez días.

Así, Ramírez explica que el detonante de que haya arreciado el acoso contra él ha sido la publicación de este libro que “retrata los acontecimientos del 2018, la represión brutal de 2018”, por lo que, por el momento, se encuentra secuestrada en las aduanas de Managua. Se trata, explica en la entrevista Ramírez, “de los pedidos que hicieron los distribuidores, las librerías” por lo que, asevera, puede confirmar que el libro “fue retenido, la novela está retenida”.

Paradógicamente, aunque Sergio Ramírez siempre fue durante el régimen de Somoza un opositor a la dictadura de gran relevancia, nunca se atrevieron a dar el paso de prohibir un libro suyo. Así lo explica el narrador, que asevera que es la primera vez en mi vida que un libro mío era prohibido en Nicaragua.

Para Ramírez no hay duda de que la publicación de este libro está directamente relacionada con la orden de prisión dictada por el régimen contra él y entiende que “la represión es contra mí, como autor, como escritor. No como dirigente político que no soy”.

El laureado escritor asevera que el régimen de Ortega “está reprimiendo la literatura, la libertad de expresión, la libertad de creación” y señala además que se trata de “la primera vez en muchos años que en América Latina se prohíbe una novela y se persigue a su autor”.

Los libros, las ideas que en ellos se contienen, el pensamiento libre, siempre ha estado en contradicción directa con las dictaduras y no pocas de ellas han censurado y perseguido a escritores y ese fantasma que recuerda a la quema de libros por los nazis en el Opernplatz de Berlín en 1933 se resucita ahora nuevamente en Nicaragua.

Que la nueva entrega de Sergio Ramírez no iba a gustar en El Carmen era más que evidente. Un texto que comienza con una dedicatoria, muy parecida a la que el escritor leyó en abril de 2018 en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, en Madrid, cuando recibía de manos del rey de España, Felipe VI, el Premio Cervantes: “Mi tributo a los centenares de jóvenes caídos, y a sus familiares que siguen reclamando justicia”. Y así parece que ha sido por la reacción que, de manera inmediata, como si de un resorte se tratase, ha tenido el régimen, que ya había apuntado a Ramírez en mayo, cuando la fiscalía lo citó  para testificar “en el caso de lavado de dinero inventado”, indica, en contra de la fundación Violeta Barrios de Chamorro, “para impedir que Cristiana Chamorro fuera candidata presidencial. Ese era todo el motivo”.

Dos fueron las principales preocupaciones del escritor, que se encontraba fuera de país, al conocer la orden: su familia que todavía está en Nicaragua y en el mandato de allanamiento de su casa. Y es que, como explica, su biblioteca está ahí, una colección de más de 8.000 libros. “Mi casa son los libros”, reconoce Ramírez, que ha imaginado unas botas militares entrando en mi casa, rompiendo puertas, porque entran con mucha violencia cada vez que hacen un allanamiento, manoseando mis libros, mis papeles de escritor”.

Ese allanamiento aún no se ha producido, o al menos no ha trascendido que haya ocurrido, pero  lamentablemente es más que previsible. Entre los libros que encontrarán en esa casa seguro estará Adiós Muchachos, un texto fundamental para entender por qué Sergio Ramírez decidió poner punto y final a una época y a unos compañeros de viaje que malversaron un sueño.