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Tamara Morales O. 

A lo largo de la historia  las mujeres han realizado grandes aportes en el mundo de las ciencias. Han sido grandes protagonistas de gran cantidad de hechos que cambiaron la forma de ver y entender el mundo. Las pioneras se llevaron la peor parte. Fueron invisibilzadas, discriminadas, cuando su permitió grandes descubrimientos. Esto refleja la negación de sus aportaciones, la labor de muchas científicas fue adjudicado a sus colegas de investigación.

Ada Lovelace sentó las bases de la programación informática, pero el mérito se lo llevó Charles Babbage, al que se conoce como precursor del ordenador. 

Junto a Selman Waksman y Albert Schatz, la bioquímica Elizabeth Bugie Gregory, identificó la estreptomicina, un antibiótico contra la tuberculosis. Cuando tenían que patentar este descubrimiento, sus compañeros le dijeron que no era importante que su nombre apareciera en la patente porque ‘total se iba a casar’. Waksman ganó el Nobel en Medicina en 1952 y se le atribuyó todo el mérito a él.




Menos del 30% de los investigadores del mundo en la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas son mujeres. Un porcentaje que está peor pagado por sus trabajos y no avanza en sus carreras en comparación con los hombres, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Para Marta Macho-Stadler, profesora de matemática de la Universidad de País Vasco, divulgadora científica española y editora del espacio digital Mujeres con Ciencia, ha habido avances, pero no como se piensa. “Entre 1986 y 2016, el porcentaje de mujeres representadas ha ido aumentando, alcanzando un 28 por ciento. Pero hasta que no haya más referentes de mujeres en la ciencia y cambios culturales, las cosas seguirán igual”, manifestó.

Macho-Stadler quien estuvo como ponente en el V Ciclo de Mujer y Ciencia que reúne a mujeres investigadoras de España organizado por la Asociación Mujer Educación y Ciencia en las islas Canarias, explicó que existe una creencia generalizada que el quehacer científico necesita de una brillantez intelectual especial, “se necesita ser cerebrito, una persona brillantísima, un genio y esas cualidades se vinculan a los hombres que son los brillantes, los inteligentes; mientras que a las mujeres solo nos queda el trabajo como asistentes, trabajadoras o cuidadoras”.

A pesar de que queda mucho camino por recorrer para lograr la paridad de género, en los últimos años el número de mujeres premiadas tiende a crecer. Desde que fue entregado el primer premio de la fundación Alfred Nobel en 1901, las mujeres han ocupado un lugar cada vez más prominente en la academia sueca. Hasta el año 2020 se han otorgado premios Nobel a más de 50 mujeres en diferentes categorías.

La ciencia en los medios de comunicación

Las noticias sobre ciencia no abundan en los medios de comunicación, solo se habla de ello cuando se entregan premios como los Nobel. Cuando se mira el reparto, se concluye que la ciencia es algo que pertenece a los hombres, las mujeres son menos premiadas.

Tampoco, en los medios de comunicación se les trata de igual manera. A las ganadoras del Nobel en Química por la Real Academia de las Ciencias sueca en 2020, los titulares de prensa fueron “Dos mujeres ganan el Nobel de Química por reescribir el código de la vida”, en vez de nombrar directamente a Enmanuelle Charpentier y Jennifer A. Doudna, ganadoras del Nobel por desarrollar un método para la edición genética que permite "reescribir" el código de la vida y con múltiples aplicaciones, desde la medicina a la agricultura.

Cuando se le concedió el galardón a la química Dorothy Crowfoot Hodgkin en 1964 por su estudio de las moléculas de penicilina, insulina y vitamina B12, The Telegraph y Dayli Mail dos medios británicos, titularon “Una ama de casa gana de Oxford gana el premio Nobel de Química”.

Sin libertad no hay ciencia en Nicaragua

La ciencia requiere de libertad para desarrollarse, pero mientras se siga persiguiendo la libertad en sus diferentes expresiones, no puede haber ciencia en Nicaragua. 

Hay que admitir que desde el siglo XIX se han logrado muchos progresos, pero las desigualdades de género siguen estando muy presentes en el mundo en general y en la vida científica en particular.

En Nicaragua, la actividad científica está prácticamente olvidada, pese a la existencia de un Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONYCIT). No existe un plan de ciencia y tecnología que convoque a las universidades públicas y privadas, centros de investigación y sector privado para desarrollar este campo. 

El Ministerio de Educación, “ha cerrado el acceso al sistema educativo a cualquiera que no cuente con el aval del gobierno, por lo que es muy difícil emprender investigaciones independientes”, manifiesta Melba Castillo, doctora en Educación y vicepresidenta de la Academia de las Ciencias de Nicaragua. Asegura que “más bien se realizan despidos por razones políticas de científicos en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) y recortes presupuestarios a la ACN y la Universidad Centroamericana”.

Por otro lado, a la Academia de Ciencias de Nicaragua (ACN) se le ha cancelado el aporte del presupuesto estatal, hoy sobrevive gracias a cuotas voluntarias de sus miembros y el apoyo administrativo de la Universidad Centroamericana, UCA, universidad que se le ha reducido el presupuesto público, afectando su capacidad de investigación y la posibilidad de otorgar becas a estudiantes de escasos recursos. 

Las mujeres en la ciencia

Son muchas las mujeres que hacen grandes aportes a la ciencia, aunque la posibilidad para entrar al mundo de la investigación, es muy complejo, sobretodo, cuando no hay políticas científicas con perspectiva de género. A ello se suma la maternidad, una responsabilidad que recae casi exclusivamente en las mujeres.

También existen prejuicios en las ciencias como creer que las matemáticas son difíciles y que los hombres son más hábiles en esta área. “De ese modo desde muy pequeños, nos van metiendo en la cabeza que las matemáticas y las ciencias no son para nosotras”, manifiesta Castillo.



Foto: Informe El Estado de la Ciencia. Prncipales indicadores de ciencia y tecnología Iberoamericanos/Interamericanos, 2019. RICYT.

Es necesario cambiar y romper estereotipos para eso tienen cambiar la visión cultural, por eso es importante disponer de referentes. La directora de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, hizo un llamado, en febrero de 2020, a derribar los estereotipos de género que vinculan la ciencia con la masculinidad y a brindar a las generaciones jóvenes ejemplos positivos; ingenieras, astronautas e investigadoras mujeres.

“Necesitamos una estrategia dedicada no sólo a aumentar la representación de las mujeres en la cartera de talentos para trabajos en ciencia y tecnología, sino también a asegurarnos de que ellas prosperen, incentivándolas a permanecer en estos trabajos bien remunerados y diseñando culturas organizativas en las instituciones que permitan a las mujeres avanzar en estos campos”, dijo en un mensaje oficial.

Para la vice presidenta de la Academia de Ciencias de Nicaragua, deben establecerse acciones prioritarias para un mayor desarrollo de la ciencia y la técnica en el país porque “la ciencia requiere de libertad para desarrollarse, pero mientras se siga persiguiendo la libertad en sus diferentes expresiones, no puede haber ciencia en Nicaragua”, para eso debe:

  1.  Derogarse leyes aprobadas recientemente, que constituyen una amenaza a la libertad de expresión y de investigación, el temor a ser considerado “agente extranjero” hace que muchos investigadores e investigadoras no accedan a recursos externos.
  2. El reintegro de inmediato a todos los estudiantes expulsados por su participación en las protestas, ofreciendo garantías de seguridad física y acompañamiento académico.
  3. Crear un sistema de información accesible y disponible al público con los principales indicadores de la educación básica, media y superior.  Igual para los indicadores en otras áreas, salud, ambiental, economía, cuya información en cantidad y calidad ha sido minimizada y entregada en forma parcializada.
  4. El respeto irrestricto a la autonomía universitaria y establecer candados para evitar que las universidades sean controladas y utilizadas como instrumentos de represión y sometimiento de la juventud.
  5. Restablecer la vida académica de las universidades en la búsqueda de garantizar la calidad de la educación superior y técnico profesional que permita el desarrollo del potencial de los y las jóvenes para una integración plena a la vida productiva y ciudadana, el desarrollo del pensamiento crítico y el impulso a la investigación científica.
  6. Aumentar el presupuesto a la investigación científica que hoy ha sido disminuido y establecer verdaderos estímulos a la investigación y a la innovación.